Redacción de Escenarios como herramienta para el planeamiento y la toma de decisiones

 Construcción y redacción de escenarios en el análisis estratégico

La sola descripción de un futuro posible puede alterarlo.


Todo Estado requiere un conocimiento profundo de su situación interna, de su entorno y de las relaciones que mantiene con este, tanto en el presente como en un futuro contingente. Esta necesidad constituye el fundamento de la Inteligencia Estratégica y del Análisis Estratégico como disciplinas orientadas a reducir la incertidumbre inherente a la toma de decisiones en contextos complejos.

El Análisis Estratégico, a su vez, demanda herramientas que permitan explorar el futuro de manera amplia, coherente y sistémica, generando múltiples visiones posibles frente a escenarios inciertos. La Anticipación Estratégica responde a esta exigencia mediante el estudio y la construcción de escenarios, entendidos como representaciones estructuradas de futuros posibles.

La técnica de construcción y redacción de escenarios permite al analista describir una situación de tal modo que el decisor pueda visualizar su evolución desde el pasado hasta el presente y proyectar sus eventuales desarrollos futuros. A través de este proceso se analizan las variables e indicadores que caracterizan una situación determinada, así como los eventos contingentes capaces de modificar su comportamiento. De este modo, los escenarios facilitan la identificación de riesgos y oportunidades asociados a los distintos futuros posibles y permiten evaluar las acciones que podrían incrementar la probabilidad de ocurrencia de escenarios favorables o disminuir la de aquellos desfavorables.

La construcción y redacción de escenarios no constituye únicamente una técnica analítica, sino una competencia que los asesores de los decisores deberían desarrollar, en tanto habilita una evaluación anticipada de los efectos que podrían derivarse de la materialización de futuros alternativos.

Un escenario puede definirse como un relato estructurado, surgido de un proceso creativo riguroso, en el que se describen las principales variables e indicadores que definen la situación de un sistema determinado, sus subsistemas y las relaciones entre ellos. Su finalidad es analizar el comportamiento actual del sistema a partir de la evolución histórica de dichas variables e indicadores durante un período significativo previo al presente.

Un escenario futuro es la descripción de una situación hipotética y posible que representa la evolución probable de un escenario real previamente analizado. Surge como resultado de la continuidad, variación o ruptura de una o varias de las variables que conformaban el escenario original. Su estudio permite identificar los riesgos y oportunidades asociados a su ocurrencia, los indicios que podrían anticipar un incremento en su probabilidad de materialización y las acciones que podrían emprenderse para modificar dicha probabilidad. En este sentido, los escenarios futuros constituyen un soporte esencial para la formulación de políticas, estrategias y planes, en el marco de procesos decisorios orientados a la objetividad y sustentados en herramientas formales.

Desde una perspectiva metodológica, los escenarios pueden clasificarse en exploratorios y normativos. Los primeros se orientan a responder la pregunta acerca de adónde podría llegarse a partir de la evolución de las tendencias actuales y del impacto de contingencias o eventos disruptivos. Los segundos se enfocan en definir hacia dónde se desea ir y qué acciones serían necesarias para alcanzar ese futuro deseado.

Los escenarios presentan una serie de características comunes. En primer lugar, proponen visiones múltiples: un único escenario equivale a una predicción, mientras que la construcción de varios escenarios permite abordar un mismo problema desde distintas lógicas. En segundo lugar, se desempeñan con mayor eficacia en entornos predominantemente cualitativos y corresponden a un futuro contingente, es decir, a aquello que podría ocurrir y no a lo que necesariamente ocurrirá. Asimismo, son sistémicos, coherentes con el pasado y el presente, posibles y relevantes para el objeto de estudio. Se redactan como relatos en tiempo presente, a modo de crónica, evitando el exceso de detalle y respetando un ámbito y un horizonte temporal definidos.

Para ser considerado válido, un escenario debe ser posible, estar delimitado temporal y espacialmente, ser coherente con el pasado y el presente y resultar relevante para el objeto de análisis. En su estructura debe incluir un nombre identificatorio, el tipo de escenario, el ámbito y el marco temporal, la descripción de las variables e indicadores que lo definen, la crónica del escenario y un análisis de los efectos positivos y negativos asociados al comportamiento de dichas variables.

En el análisis de escenarios, el concepto de variable ocupa un lugar central. Una variable representa un valor susceptible de ser expresado numéricamente, sujeto a cambios, cuya serie histórica conforma una tendencia. Un indicador, por su parte, surge de la correlación entre un valor cualitativo subjetivo no medible directamente y un valor cuantitativo objetivo, permitiendo estimar su evolución en el tiempo. Las variables pueden clasificarse como operacionales, cuando es posible actuar sobre ellas para modificar su impacto; duras, cuando ofrecen una resistencia significativa a la intervención; y pesadas, cuando su modificación influye de manera determinante sobre otras variables o sobre el sistema en su conjunto.

La certeza respecto del comportamiento de una tendencia se interrumpe en el presente. A partir de ese punto, solo es posible proyectar su evolución futura con un margen de error creciente a medida que se amplía el horizonte temporal. Por ello, las tendencias deben evaluarse considerando su pertenencia al sistema, su importancia relativa y su influencia sobre otras variables, dicha influencia se denomina motricidad.

La evolución histórica constituye un relato analítico del comportamiento pasado de las variables e indicadores y permite comprender la situación actual a partir de los cambios y rupturas que han afectado su trayectoria inicial. Este análisis facilita la identificación de relaciones causales y la interpretación de los impactos que han modificado el sistema a lo largo del tiempo.

El escenario actual se define como una descripción objetiva y verificable de la situación presente de las variables e indicadores que caracterizan al sistema. No se trata de una conjetura, sino de una crónica de lo que efectivamente ocurre. Este escenario funciona como eje articulador entre el pasado y el futuro y permite analizar el entorno del sistema objeto de estudio.

El escenario óptimo describe un futuro ideal en el que cada variable alcanza su nivel óptimo, entendido no como el máximo posible sino como el más adecuado en función del sistema. Aunque no se analiza su factibilidad, resulta útil como referencia comparativa frente a otros escenarios, como el tendencial o el escenario apuesta.

El escenario tendencial proyecta la continuidad de los patrones históricos de comportamiento de las variables, asumiendo que estas seguirán evolucionando en el futuro de la misma manera que lo han hecho hasta el presente. Cuanto más duras sean las variables consideradas, mayor será el horizonte temporal durante el cual el escenario mantendrá su vigencia analítica.

A partir del escenario tendencial se construyen los escenarios exploratorios, que introducen modificaciones en el comportamiento de las variables o incorporan hechos portadores de futuro, también denominados eventos de ruptura. Estos escenarios permiten analizar cómo podrían alterarse las tendencias y qué futuros alternativos podrían emerger como consecuencia de dichas alteraciones.

El escenario apuesta representa el futuro deseado dentro de un marco temporal determinado. En él, las variables alcanzan valores que respetan los criterios de aptitud, factibilidad y aceptabilidad. Este tipo de escenario permite definir el objetivo estratégico, seleccionar las acciones necesarias para alcanzarlo y diseñar la ruta estratégica correspondiente.

Los escenarios constituyen una herramienta fundamental para pensar el futuro de manera sistemática y sistémica, ordenar la exploración de futuros posibles, evaluar las implicancias de decisiones presentes, facilitar la comunicación con los decisores y construir mapas de riesgos y oportunidades. Asimismo, obligan a considerar futuros alternativos y a imaginar contingencias, sus impactos y sus efectos sobre los escenarios de interés.

Una vez seleccionados los escenarios sobre los cuales se realizará el análisis de riesgos y oportunidades, estos deben ser redactados para su presentación al decisor. Al decisor se le presentan múltiples escenarios, ninguno de los cuales debe ser interpretado como aquel que necesariamente ocurrirá. Desde su perspectiva, todos deben representar evoluciones plausibles de la situación actual. En este contexto, el decisor se interesa principalmente por los riesgos y oportunidades asociados, las probabilidades de ocurrencia, los indicios de preconfiguración, la operatividad de las variables y el impacto de los hechos portadores de futuro sobre las tendencias.

Cada escenario debe incluir un nombre identificatorio, una estimación de su probabilidad de ocurrencia, una crónica del comportamiento de las variables e indicadores que lo definen y una descripción de los indicios de preconfiguración. El análisis de los efectos del comportamiento de las variables resulta esencial para la elaboración de mapas de riesgos y oportunidades y para el diseño de estrategias de gestión del riesgo y sistemas de alerta temprana.

En el marco del planeamiento estratégico, tal como lo plantea el método MEYEP, diseñado por el Mg. Eduardo R. Balbi, la formulación de escenarios ocupa un lugar central. El planeamiento estratégico implica tomar decisiones orientadas a desarrollar acciones que permitan alcanzar un objetivo futuro. Diseñar objetivos y rutas estratégicas sin una adecuada exploración de los futuros posibles incrementa significativamente el riesgo de ocurrencia de eventos negativos contingentes. En este sentido, la redacción de escenarios forma parte integral del planeamiento, ya que permite estimar las consecuencias de las acciones, analizar las variables que sustentan los escenarios y visualizar los efectos de posibles contingencias.

Epílogo

La construcción de escenarios no constituye un ejercicio de predicción, sino un acto de responsabilidad estratégica. En contextos atravesados por la incertidumbre, los escenarios no ofrecen certezas, pero sí proporcionan capacidad de anticipación, criterio para la toma de decisiones y margen de acción frente a futuros que, de otro modo, podrían imponerse sin aviso. Explorar futuros posibles no garantiza evitar los errores, pero reduce sustancialmente la probabilidad de quedar atrapados por la sorpresa.

Lic. José María Condomí Alcorta

Fuente:

Método MEYEP, https://www.anticiparse.org/

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