Los precios relativos y el engaño de la emisión descontrolada.


Hoy es frecuente escuchar en comercios, restaurantes, carnicerías, almacenes de barrio y entre sus proveedores la misma queja: “No se vende, así no puedo seguir, cierro”. Y como corolario: “Esto es culpa del gobierno, que solo se ocupa de la macroeconomía mientras que nosotros, los que nos movemos de a pie, cada mes vemos más lejos el fin de mes”.

¿Es realmente culpa exclusiva del gobierno actual que muchos comerciantes y dueños de bodegones enfrenten dificultades que los lleven incluso al cierre?

Analicemos la situación de hace tres o cuatro años, cuando se gestó el problema actual. Buena parte de los servicios que utilizaban las familias y las empresas (transporte, electricidad y gas) estaban fuertemente subsidiados. Esto distorsionaba los costos reales de los negocios y los presupuestos de los hogares.

Era el Estado el que, mediante subsidios masivos, pagaba una porción importante de los precios de la microeconomía. Pero no lo hacía con ingresos genuinos: lo financiaba emitiendo dinero en grandes cantidades. Esa emisión descontrolada generaba inflación y permitía a empresarios y consumidores vivir en una irrealidad económica peligrosa. Ejemplo claro: se vendían aires acondicionados a gran escala y los usuarios los ponían a 18 grados, mientras el Estado cubría parte de la factura.

Datos oficiales que ilustran esta distorsión:

  • En 2023, los subsidios energéticos representaban alrededor del 1,42% del PBI. Bajaron al 1,01% en 2024 y al 0,60% en 2025, el nivel más bajo en una década.
  • La inflación anual fue del 211,4% en 2023, 117,8% en 2024 y 31,5% en 2025, según el INDEC.
  • El gobierno anterior cerró 2023 con un déficit fiscal significativo (alrededor del 5% del PBI en términos primarios), financiado en gran medida con emisión monetaria. En 2024 se logró un superávit fiscal primario por primera vez en muchos años.

El sinceramiento de precios y tarifas era inevitable después de años de distorsiones acumuladas. Como consecuencia, muchos comercios enfrentan hoy una fuerte caída en la demanda. El consumo masivo cayó alrededor del 16% en 2024 y solo creció un modesto 2% en 2025.

El precio de esta corrección es real y doloroso: el dueño del bodegón tiene problemas para sostener la estructura de personal de antes, y el comensal reduce las salidas a comer afuera.

¿Volverán las cosas a ser como antes?

Sí, pero no exactamente “como antes”. Volverán a niveles de actividad más saludables y sostenibles, sin la burbuja artificial de subsidios financiados con inflación. Esto llevará tiempo. La economía necesita absorber el ajuste, recomponer el poder adquisitivo de manera genuina (a través de mayor productividad, inversión y empleo formal) y que el Estado deje de engañar a la sociedad con promesas financiadas con emisión monetaria.

El camino de la estabilidad es incómodo en el corto plazo, pero la experiencia histórica argentina demuestra que el modelo de subsidios generalizados e inflación crónica solo genera mayor pobreza y destrucción de capital a mediano plazo. El ajuste de los precios relativos, aunque duro, es el necesario primer paso hacia una economía más predecible y con bases más sólidas.

Textos por José María Condomí Alcorta.

Editados por Grok / Con imagen generada por ChatGPT

Comentarios

Entradas populares de este blog

Autoridad, contrato social y legitimidad en crisis

Occidente vs. Islam, un conflicto cultural.

Análisis de actores estratégicos, cómo comprenderlos para anticipar sus conductas.