La pandemia de COVID-19 en Argentina: una mirada retrospectiva.
En marzo de 2020, la pandemia del coronavirus puso a prueba la capacidad de Argentina para hacer frente a un desafío sanitario de magnitud que el país no había experimentado en tiempos recientes. En aquellas primeras semanas, buena parte de la preocupación se concentró en la disponibilidad de camas de terapia intensiva y, especialmente, de respiradores artificiales.
Las estimaciones realizadas entonces advertían que el sistema sanitario podía verse rápidamente ante una demanda que superara su capacidad instalada. Se proyectaba la necesidad de disponer de varios miles de camas con respiradores y se inició una carrera contra el tiempo para adquirir, fabricar y distribuir nuevos equipos. Los proveedores nacionales incrementaron la producción y, hacia fines de mayo de 2020, se esperaba disponer de más de 8.000 respiradores en el sistema sanitario. Aquellas cifras eran, en buena medida, proyecciones realizadas en las primeras semanas de la crisis, cuando todavía se desconocía cuál sería la magnitud definitiva de la pandemia.
Sin embargo, muy pronto quedó claro que el verdadero límite del sistema sanitario no estaba constituido solamente por los respiradores. Cada cama de terapia intensiva necesitaba médicos intensivistas, enfermeros, kinesiólogos, técnicos, medicamentos, oxígeno y una infraestructura hospitalaria capaz de funcionar durante meses bajo una enorme presión.
La primera muerte por COVID-19 registrada en Argentina se produjo el 7 de marzo de 2020. Desde allí comenzó una curva ascendente que atravesó varias oleadas. Un estudio retrospectivo del Ministerio de Salud determinó posteriormente que durante 2020 fallecieron 45.568 personas por COVID-19 y que el exceso de mortalidad general de aquel año alcanzó el 10,6 %, equivalente a 36.306 fallecimientos por encima del nivel esperado. La diferencia entre los distintos registros retrospectivos —nacionales y de organismos internacionales— responde, entre otras razones, a correcciones posteriores y a las diferentes fechas utilizadas para asignar las defunciones.
El año más crítico terminó siendo 2021. La segunda ola llevó al sistema sanitario argentino a su momento de máxima tensión. El 8 de junio de 2021 había 7.794 pacientes internados en unidades de terapia intensiva, mientras que la ocupación nacional de camas UTI para adultos alcanzaba aproximadamente el 79,1 %. En algunas jurisdicciones y establecimientos la ocupación superó el 80 %, nivel que el propio Gobierno había establecido como uno de los criterios para considerar una región en situación de alarma epidemiológica y sanitaria.
La cifra nacional del 79,1 % debe interpretarse además con cuidado: representaba la ocupación total de camas de terapia intensiva por todas las patologías, no exclusivamente por COVID-19. No obstante, la extraordinaria cantidad de pacientes afectados por el coronavirus fue el principal factor que llevó al sistema a semejante nivel de exigencia.
Ingresar a terapia intensiva durante los primeros meses de la pandemia implicaba además un riesgo considerable. El estudio multicéntrico argentino SATICOVID, que analizó 1.909 pacientes con COVID-19 que necesitaron ventilación mecánica invasiva entre marzo y octubre de 2020, encontró una mortalidad dentro de terapia intensiva del 57,0 %, mientras que la mortalidad hospitalaria alcanzó el 57,7 %. Esto no significa que muriera el 57 % de todos los pacientes ingresados a terapia intensiva: el estudio se refiere específicamente al grupo de enfermos más graves, aquellos que necesitaron ventilación mecánica invasiva.
La dimensión humana de la crisis puede apreciarse mejor observando la evolución completa. En la serie histórica actualmente publicada por la Organización Mundial de la Salud utilizada para el gráfico que acompaña este texto aparecen aproximadamente 48.300 fallecimientos reportados durante 2020, 69.900 durante 2021 y 11.900 durante 2022, a los que se agregaron unos centenares durante los primeros meses de 2023. Hacia el 5 de mayo de 2023, la serie acumulaba alrededor de 130.000 fallecimientos reportados para Argentina.
Evolución de los fallecimientos
El gráfico permite observar con claridad tres momentos. La primera gran ola se desarrolló durante el segundo semestre de 2020; la segunda y más mortífera alcanzó su máximo entre mayo y junio de 2021; y una tercera elevación apareció a comienzos de 2022, coincidiendo con la expansión de nuevas variantes, aunque con una mortalidad sustancialmente inferior en relación con el extraordinario número de contagios.
Una diferencia fundamental entre aquellas etapas fue la aparición de las vacunas. Argentina inició su campaña nacional el 29 de diciembre de 2020 y durante los meses siguientes incorporó vacunas desarrolladas por distintos laboratorios y plataformas tecnológicas.
Como referencia de la magnitud alcanzada por la campaña, al 10 de agosto de 2022 Argentina había recibido 128.730.530 dosis. De ellas, aproximadamente 31,67 millones correspondían a Sinopharm; 29,64 millones a AstraZeneca; 22,66 millones a Pfizer; 20,65 millones a Moderna; 14,68 millones a Sputnik V importada; 7,72 millones a Sputnik V producida en Argentina por Richmond; y 1,70 millones a CanSino.
Debe hacerse aquí una precisión: esas cifras corresponden a dosis recibidas por Argentina según el laboratorio. Para esa misma fecha, el Monitor Público de Vacunación informaba que se habían distribuido 119.633.038 dosis, de las cuales 114.550.038 habían sido enviadas a las jurisdicciones argentinas y 5.083.000 habían sido donadas a otros países. El desglose acumulado por fabricante publicado por el Ministerio corresponde fundamentalmente a vacunas recibidas y no necesariamente coincide, dosis por dosis, con las distribuidas en cada momento.
La vacunación modificó progresivamente la relación entre contagios, hospitalizaciones y fallecimientos. A finales de 2021, aun cuando aparecieron nuevas variantes capaces de provocar enormes cantidades de infecciones, la proporción de casos que terminaban en enfermedad grave comenzó a disminuir. El propio Gobierno señalaba en diciembre de aquel año que, pese a haberse registrado incidencias superiores a las de 2020, el fortalecimiento del sistema sanitario había permitido evitar su saturación general.
El 5 de mayo de 2023, la Organización Mundial de la Salud determinó que COVID-19 dejaba de constituir una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional. Aquella decisión no significó que el virus hubiera desaparecido ni que hubieran cesado completamente las muertes, sino que la enfermedad entraba en una nueva etapa de manejo sanitario ordinario.
Ahora, desde agosto de 2026, podemos observar aquellos acontecimientos con una perspectiva que era imposible poseer en marzo de 2020. Durante los primeros meses tomábamos decisiones frente a un enemigo prácticamente desconocido, utilizando información incompleta y modelos que inevitablemente debían ser corregidos a medida que la experiencia proporcionaba nuevos datos.
Quizás una de las enseñanzas más importantes de la pandemia haya sido precisamente esa. La ciencia no consiste en poseer respuestas definitivas desde el comienzo, sino en construir explicaciones, contrastarlas con la realidad, reconocer los errores y modificarlas cuando la evidencia demuestra que estaban equivocadas.
También quedó demostrada la importancia de disponer de información confiable. Durante una crisis de semejante magnitud, la existencia de una realidad compartida constituye casi una infraestructura tan necesaria como los hospitales, las camas o los respiradores. Cuando los datos sanitarios se convierten exclusivamente en argumentos partidarios, la sociedad pierde una herramienta fundamental para comprender el problema y decidir racionalmente.
La experiencia argentina demostró igualmente que la capacidad material puede ampliarse con extraordinaria rapidez cuando existe una emergencia: se incorporaron respiradores, camas, hospitales modulares, vacunas y equipamiento. Pero también mostró que existen recursos mucho más difíciles de producir aceleradamente: conocimiento, experiencia profesional, médicos intensivistas, enfermeros especializados y confianza social.
Vista seis años después, la pandemia deja por ello una enseñanza que supera el ámbito sanitario. Frente a situaciones caracterizadas por alta incertidumbre, información incompleta y consecuencias potencialmente enormes, ninguna decisión inicial debería considerarse definitiva. Es necesario observar, medir, cuestionar nuestras propias hipótesis, aceptar evidencia contraria y modificar el rumbo cuando los hechos lo exigen.
En ese sentido, quizás la principal herencia intelectual de aquellos años sea sencilla: frente a la incertidumbre, el pensamiento crítico no consiste en desconfiar de todo, sino en estar dispuesto a corregir aquello que creemos saber.
Fuentes utilizadas
- Ministerio de Salud de la Nación — Estudio de exceso de mortalidad 2020. El estudio informó 45.568 muertes por COVID-19 durante 2020 y un exceso de mortalidad de 10,6 %, equivalente a 36.306 fallecimientos adicionales.
- Ministerio de Salud de la Nación / Histórico de la pandemia COVID-19. Archivo de reportes epidemiológicos nacionales correspondientes a 2020, 2021, 2022 y comienzos de 2023.
- Reporte epidemiológico del 8 de junio de 2021 / datos del Ministerio de Salud. Registraba 7.794 pacientes en terapia intensiva y una ocupación nacional del 79,1 %.
- Decreto 334/2021 — Poder Ejecutivo Nacional. Estableció que una ocupación de camas de terapia intensiva superior al 80 % constituía uno de los criterios de “alarma epidemiológica y sanitaria”.
- Estudio SATICOVID — The Lancet Respiratory Medicine / PubMed. Estudio prospectivo multicéntrico argentino sobre 1.909 pacientes con COVID-19 sometidos a ventilación mecánica invasiva. Mortalidad UTI: 57,0 %; mortalidad hospitalaria: 57,7 %.
- Ministerio de Salud de la Nación — Plan Estratégico de Vacunación. Al 10 de agosto de 2022: 128.730.530 dosis recibidas; desglose por Pfizer, Moderna, Sinopharm, AstraZeneca, CanSino y Sputnik V. Distribuidas: 119.633.038 dosis.
- Ministerio de Salud — Campaña Nacional de Vacunación, informe de seguridad. Información complementaria sobre dosis aplicadas según la vacuna durante la campaña nacional.
- Organización Mundial de la Salud — WHO COVID-19 Dashboard. Serie histórica de casos y fallecimientos utilizada para elaborar el gráfico. La OMS advierte que los valores pueden modificarse por correcciones retrospectivas y diferencias de notificación.
- Organización Mundial de la Salud — 5 de mayo de 2023. Declaración del fin de la COVID-19 como Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional, aclarando que la enfermedad continuaba siendo una amenaza sanitaria.
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