¡Callate!, sos un facho.


En la Argentina de los últimos años, casi ningún debate con los colectivos populistas, nacionalistas e izquierdistas logra escapar del insulto que se ha convertido en su recurso preferido cuando se quedan sin argumentos o los datos les resultan adversos: «¡Callate! Sos un facho».

La expresión es un oxímoron —pues combina en una misma frase dos intenciones contradictorias— y quien la emplea pretende, en realidad, disciplinar a su interlocutor exigiéndole silencio. Una actitud que, por sí sola, resulta claramente fascista.

Se trata, además, de una clásica falacia ad hominem (del latín, “contra el hombre”): en lugar de refutar las ideas, se ataca a la persona por sus convicciones, su pertenencia ideológica o cualquier otro rasgo personal, sin aportar nada al debate de fondo.

Origen del insulto

«Facho» es un apócope de fascista, término que deriva del italiano fascio (haz de varas), símbolo de autoridad y poder senatorial en la antigua Roma. A partir de la segunda década del siglo XX, el vocablo adquirió su connotación política moderna al referirse al movimiento fundado por Benito Mussolini.

Las características centrales del fascismo clásico fueron: Estado totalitario de partido único, culto al líder, control absoluto de la vida política, judicial, social y económica, nacionalismo exacerbado, corporativismo económico y un rechazo visceral tanto al liberalismo como al marxismo. Mussolini lo sintetizó magistralmente en La doctrina del fascismo con la célebre frase: «Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado».

El uso contemporáneo

Hoy, sin embargo, el término “facho” se emplea con un propósito más siniestro: equiparar automáticamente a cualquier disidente con los criminales de la Segunda Guerra Mundial. Al descalificar de antemano al interlocutor y declararlo indigno de participar en la conversación, se cierra el debate de manera unilateral.

Peor aún, cuando se acusa de “facho” a un liberal que defiende la libertad de expresión, a quien critica el activismo woke, las políticas de género extremas o ciertas concepciones sobre la vida, se diluye gravemente el significado histórico del término. Esta inflación verbal vacía de contenido una palabra que debería evocar horror y servir como advertencia, reduciéndola a un mero garrote dialéctico.

El fascismo en nuestro país

En la Argentina existieron unas pocas, pero violentas, expresiones minoritarias de extrema derecha con rasgos fascistas o parafascistas, como el Partido Fascista Argentino (1932-1939), la Alianza Libertadora Nacionalista (décadas del 30 y 40) y el Movimiento Nacionalista Tacuara (1957-1966), entre otros grupos menores. Algunos de ellos combinaron el ideario fascista con catolicismo integrista, antisemitismo, anticomunismo y antiliberalismo.

¿Y el peronismo?

Si bien el peronismo presentó algunos rasgos que recuerdan al fascismo clásico —control de los medios de comunicación, sindicalismo corporativo, fuerte culto a la figura del líder y cierto desprecio por instituciones liberales—, equipararlo llanamente con el fascismo es un error histórico. Se trata de un fenómeno político con características propias y singulares.

Trato este tema con mayor profundidad en el siguiente artículo de este blog:

Orwell y Perón: un solo corazón y una sola verdad Enlace

Lic. José María Condomí Alcorta

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